Después de inagotables semanas de trabajo, una noche pasada con la satisfacción del deber cumplido, voy a la cama intentando conciliar el sueño. Unos minutos antes de caer en los brazos de Morfeo, enciendo la tele buscando arrullo. Con los ojos cerrados reconozco el natal acento. ¿Cosa del destino? En la tele, Discovery Channel presenta en su espacio “VIDA“, un documental que despierta los más duros recuerdos que creí archivados, olvidados y hasta no vividos. ¨ Los pecados de mi padre ¨, documental dirigido por el cineasta argentino Nicolás ENTEL, basado en la historia de Pablo Escobar, considerado uno de los peores criminales de la historia y uno de los hombres más buscados del mundo; narrado desde el punto de vista de su hijo Sebastián Marroquín.
Escobar organizó y financió una extensa red de sicarios y con sus actos terroristas desestabilizó familias y un país entero. Este suceso pasado en mi tierra natal ha sido visto, contado y vivido de tantas formas diferentes, por tanta gente diferente que hoy, solo hasta hoy me identifico con una generación que sintió, vivió y lloró en la misma sintonía.
Un segundo de confusión viví aquella noche que la vida me estrelló con mi pasado. Ojos inundados, piel erizada y falta de aire al inhalar, fue el resultado de revivir aquellas imágenes de archivo como intensa terapia de “flashback”. Me di tiempo, quise sentir y escucharme. En un instante me remonté a ese momento histórico donde todo tuvo inicio:
Bogotá 30 de abril de 1984, Rodrigo Lara Bonilla político, abogado y Ministro de Justicia quien se caracterizó por perseguir a los narcotraficantes del Cartel de Medellín fue asesinado por orden de Pablo Escobar. Carlos Lara, hijo del MInistro Rodrigo Lara, tenía al igual que yo, 8 años. La muerte de su padre representó el inicio de una guerra sin cuartel entre el Estado y los narcotraficantes comandados por Escobar, que se extendería por más de una década e involucraría también al Cartel de Cali.
18 de agosto 1989, asesinan a Luis Carlos Galán Sarmiento, abogado y político, candidato a la presidencia en dos ocasiones por el Partido Liberal Colombiano y en otra ocasión por el movimiento Nuevo Liberalismo, movimiento político fundado por él, destacado por su apoyo popular y por su contribución en la democratización interna de los partidos colombianos, Juan Manuel Galán su hijo, tenía al igual que yo, 13 años. Desde años atrás sus ideas, su carrera y el partido del Neoliberalismo logró llevarme a sacrificar actividades normales de niñez y juventud para remplazarlas por estudios de política e historia social.
No fuimos adolescentes normales, en esa época ya era una prematura activista, ¿cómo no serlo en un contexto tan desigual?. Mi herencia de sangre política, antepasados y familia de abogados, el inevitable ADN que corre por mis venas logró que no me perdiera noticia y que tuviese la necesidad constante de expresar mi criterio. La carrera de Luis Carlos Galán fue mi mayor obsesión. Aunque mi padre y abuelo materno eran fieles conservadores, caí perdidamente en un enamoramiento de los ideales liberales de Galán, en esa época la política era una danza perfecta, era para mi la más bella obra plástica jamás vista, muchos historiadores le adjudican ser uno de los mejores oradores a través del tiempo.
OIGAMOS A GALÁN:
Imágenes de fuertes hostilidades en los noticieros, inocencia con apellidos de muerte, estruendos del conflicto perforaban oídos; invadía el desconcierto y el silencio. Caras de adultos o amigos apoderados de una incertidumbre hipnotizante escuchaban constantes quejidos de aquella ofensiva propiciada por líderes, políticos, malvados, amenazados, ausentes e inocentes. Nosotros los hijos de aquel entonces definitivamente compartíamos mucho más que agendas de estrictos lineamientos de seguridad. La amenaza directa a la vida era más que un hecho.
En mi amada Bogotá estuvimos en guerra, eran los años 80´s y parte de la década de los 90´s. Recuerdo con cariño en la inmensa habitación de mis abuelos, usada como sala de reuniones y debate familiar. Recuerdo las cortinillas de los noticieros que causaban el mismo efecto al de las campanas de los carritos de helados cuando se acercan, invadidos por programas de periodismo político-social de buen nivel, sobresalía la sátira con humor del programa: “ZOOCIEDAD”, escrita por un brillante periodista.
13 de agosto de 1999, Jaime Garzón, abogado, periodista y humorista director del programa “Zoociedad” es asesinado. Maravillosos líderes de la época en diferentes disciplinas fueron silenciados por cobardes.
PRIMERA PARTE DEL HOMENAJE A JAIME GARZÓN:
El enfoque del documental “Los Pecados de mi Padre” toma prestado nuestro calidoscopio y logra avivar un grito de amor: “buscamos perdón, no venganza”. Como representantes de nuestra generación, los tres hijos de Galán: Claudio, Juan Manuel y Carlos, todos ellos políticos apasionados, al igual que Carlos Lara, hijo de Lara Bonilla, en el 2008 aceptan reunirse y ver a los ojos al hijo del asesino máximo, otra víctima más de aquel pasado. Al reunirse se reafirma que apesar de haber jugado diferentes roles es un mismo escenario, todos llevamos la misma cicatriz.
Unidos por aquel lente generacional el hijo de Escobar, Santiago, remueve su pasado para liberar su presente y caminar al futuro. Escribe una carta a los hijos sin padre donde pide verlos. Actúa con el corazón, hace exactamente lo opuesto a su padre, porque al fin y al cabo Escobar JR. ó Sebastián Marroquí (por obvias razones se cambia el nombre cuando se exilia en Argentina), nunca pudo decidir quien ser, hasta la muerte de Escobar. Sebastián a los 16 años tuvo que afrontar su realidad y circunstancias.
Por eso me pregunto: ¿Quién más que nuestra generación puede estar marcada y liderando un camino?. Nosotros, los hijos de los muertos respondemos con paz y mensajes de optimismo.
Finalmente en esa noche histórica donde somos presente y no pasado es cuando recuperamos la llave perdida. Nada es fortuito, ni accidental. Después de ese ejemplificarte encuentro, la ley del Talión queda sepultada en las tumbas de aquellos muertos que hoy también nosotros hacemos libres.
El pasado cuando es presente, en algún momento te recuerda lo que es, Mi generación ha cerrado capitulo e inició a escribir el siguiente. ¿Mejor o peor? No lo sabemos, solo sabemos que es nuestro. Tierra fértil, tierra que amo y amaré hasta mi muerte.